Bro…

Ya he dicho que la vida es aquello que sucede cuando uno deja de trabajar. Si no lo has visto, querido lector, sugiero que revises la entrada anterior.

Entonces la vida se acaba todos los domingos a mediodía, cuando, cual nubes negras, se juntan todos los pendientes del lunes, de la inminente semana, y ya no puedes disfrutar el almuerzo, ni el viaje, ni nada.

Pero hoy caminaba y tuve un chispazo de emoción. Un flashback. Un impulso que dura menos de un segundo, como cuando enciendes un fósforo en medio del patio.

Fu, se apagó.

Y seguí caminando, caminando y pensando.

Pensando en lo lejos de aquellos años en que, despreocupados, celebrábamos nuestros martes de pisco. O lunes, o miércoles, o cualquier día que se pudiera, que eran todos. Que Pisco con naranja en tu casa, que una res en el Zela, que chilcanos en el bolivarcito, que el bodegon de Aldo para cambiar de ambiente, que mejor al Queirolo porque en el Bodegon hay mucho fumador de mierda.

Pensando en las excusas mas inverosímiles y sin embargo efectivas: ¿Has escuchado Tucán? ¿no?, ok tenemos que juntarnos y ponerla unas 20 veces antes de aburrirnos, y poner el resto de canciones de Miranda!. ¿Probaste ya el piscano?¿nooo?, pues te espero a las 7.30 en wong de Plaza San Micky. Y tomar en esa plazuelita sucia y disimular cuando pasaba serenazgo.

San Miguel era la voz. El centro de nuestra feliz vagancia. Caminar luego hasta Miguelon o al sanguchon campesino era el epílogo perfecto. Un taco mixto por favor, frejoles negros, harto guacamole, todas las cremas, menos ketchup. Una chelita de contrabando, porque allí no vendían licor. Y la conversación,la estrella de todas aquellas noches. Un amigo sincero con dos cualidades difíciles de encontrar: un delicioso manejo del idioma castellano, y la capacidad de debatir sin discutir. Hablar con usted era siempre enriquecerse, mi bro.

Así que hoy pasé por un sanguchon campesino, o mejor dicho, me encontré un sanguchon campesino caminando por la avenida la fontana con flora tristán, en la Molina. Inmediatamente sentí el impulso de llamar: Venga usted, comamos tacos hasta reventar y tengamos una de aquellas tertulias de hace tiempo.

En ese momento me di cuenta que no. Que tenía que seguir, que tenia planos para imprimir, un ingeniero que visitar, una cobranza que hacer y el día se acababa raudo, el sol se ponía naranja y la noche llegaba despacio. Entonces pensé también que estarías en tus cosas, en tu casa con tu familia, que no es propio, a estas alturas, llamarnos instándonos a salir ya pero ya!. Que cada quien tiene, ya, responsabilidades.

Entonces seguí caminando, y extrañando esas culturales chácharas, que pronto tendremos que retomar ¿verdad?, ¿verdad?.


Café

A mí me gusta el frío, pero no trabajar con frío.

Cuando hace frío prefiero ponerme botas de lana y hacer maratón de series, de dormir, o de hacer cucharita y vivir la vida.

Porque la vida es todo eso que pasa apenas dejas de trabajar. La oficina, las facturas, los planos, las ventas y demandas y contrademandas no son la vida. La vida empieza apenas termina todo eso. Empieza cuando se van todos y presuroso, me alisto para salir también.

La vida es el camino, ansioso de ver a mi familia. Es llegar y escuchar gritar “Papá!” a mi querido hijo. Son los ojos de la amada, que nunca dice nada pero me mira y ya, ya lo sé todo.

Pero hace frío y aquí en la oficina el tac tac los teclados nos recuerda el tic tac de los relojes. Hace frío y los ánimos se ponen grises a falta de buenas noticias. Las miradas fijas en los monitores, como una horda de desconocidos.

Hasta que llega el café salvador. Ese que nos hace olerlo y levantar la mirada, mirarnos todos, y seguir avanzando. Al futuro o a donde sea, pero allá vamos.


El último “gracias”

Estrés.

Me ha parecido siempre una palabra ridícula. Bueno, no siempre, digamos que desde que decidí tomarme la vida como venga, desde el día que decidí desterrar el drama de mi rutina. Sí, desde aquellos días fue.

Pero hay días y días. Hay días en que las decisiones pasadas pesan y quieren doler, quieren aplastarte y por fuerza, hacer que te declares vencido. Hay días en que levantas la cabeza y miras alrededor preguntandote: ¿Pero que mier…?¿Qué es lo que estoy haciendo?.

Entonces hay que subir al techo, o salir a caminar a la calle, a cualquier lugar donde no haya ruido y sí aire fresco. A razonar con ese yo pesimista con el que hay que luchar, porque puede dormir pero nunca se muere del todo, porque siempre estará allí para decir “te lo dije” cuando las cosas no van tan bien.

Este yo pesimista logra a veces que me cuestione: sería todo más facil si consiguiera un empleo como todos, un ingreso fijo, una vida promedio contra la que no tengo nada, pero que no me resulta de todo atractiva. Pero, ¿es la inestabilidad mejor que eso?.

Recapitulemos: Dejando a un lado las cosas malas: dejando a un lado que a veces se trabaja y se trabaja y los pagos se atrasan y se atrasan, dejando a un lado que a veces hay que vivir de crédito y los intereses no perdonan, dejando de lado lo cansado que es todo esto.

Dejando de lado eso, están los beneficios: estoy haciendo exactamente lo que quiero hacer, si bien los pagos demoran, en promedio son mas altos que los de un empleado promedio, tengo tiempo para ver crecer a mi hijo, es más, he separado un día laborable completo en el que no tengo que trabajar y puedo pasar todo el día con él.

Yo no sé usted, querido lector, pero esos a mí me parecen grandes beneficios. Yo respeto a la gente que elige un empleo, pero no creo tener madera para obedecer sin cuestionar, no creo poder soportar meses en alguna mina sin ver a mi familia. Prefiero quedarme y nadar entre las olas, en vez de caminar sobre el seguro asfalto.

Y doy gracias por eso. Gracias por todo, y sobre todo gracias, porque tengo fuerza para trabajar, porque puedo cada noche caer exhausto y pensar “bien!, hoy se ha hecho bastante”.


La espectativa del 14 de febrero

mafaldapatria

Al borde de los 35 años… ¡qué digo al borde!, con 35 años recién cumplidos, pienso que hemos llegado a la etapa de superar las emociones adolescentes, que ya no sufrimos más por esas ilusiones que hace unos años, ingenuamente, llamábamos “amor”, que estamos todos, o al menos la gran mayoría, ya establecidos y felices por ello.

Pienso que ya sabemos que es mejor hacer especial cada día a esperar una orden del almanaque (mafalda dixit) para resarcir toditas las idioteces cometidas durante el año.

De pronto gente salvaje aparece, haciendo planes para el 14 de febrero, diciendo (como para que lo lea su pareja, supongo) que esperan ser “sorprendidas” ese día, y otras, y muchas otras hierbas parecidas.

Entonces me pregunto si son ellos o soy yo. Si ellos son los que no han madurado, o si soy yo el Benjamin Button de mi generación, amargado y desencantado de la vida, sin nada que pueda ilusionarme ya.

Es el mundo, sin duda, el que nunca deja de sorprenderme.


Reminiscencias de Fred

PRIMERA PARTE

Los primeros tiempos fueron de calor. Nadaba feliz y tenía hermanos. Y mamá latía para todos, nos abrigaba, y nos prometía amor con dulces gemidos. Era invierno, pero no para nosotros.

Y hubo un tiempo para nacer. Mi primera impresión fue que el mundo era un lugar frío y maloliente. No podía ver nada, pero cuando pude, fue peor. En este mundo no habían los colores con que soñaba flotando en el vientre de mamá. Todo era gris, el cielo, las paredes de aquel patio destartalado, la misma lluvia que caia para congelarnos. Entonces tuve frío y lloré, y mis hermanos lloraron conmigo, pero nadie vino. Sólo nuestra madre, famélica y amosorsa, nos abrigaba y alimentaba en su seno la mayor parte del tiempo.

De vez en cuando, se iba, ahora comprendo que a buscar algo con que alimentarse ella para luego venir y poder seguir cuidandonos. Así fue como crecimos, en aquella casa abandonada, como una jauría salvaje. Con el tiempo, mamá nos traía huesos viejos para roer. Con el tiempo, empezamos cada quien a merodear los alrededores. Con el tiempo, llegó el día en que mamá no volvió más.

Llegó entonces, el tiempo de salir a la vida. El tiempo de buscar cada quien su propio camino. No quiero recordar, pero me aguijonea el recuerdo de dos de mis hermanos. Ellos murieron aplastados por un auto el primer día al cruzar la calle. Suertudo el que murió al instante. No tanto el que se arrastró y se arrastró, para dar el ultimo suspiro al borde del camino. Descubrí entonces que la calle debía cruzarse muy cuidadosamente.

SEGUNDA PARTE

Memorable fue el día que, al cruzar la calle, vi pasar una perra con una cadena, y del otro lado de la cadena había un tipo, un humano. Me pareció curiosísimo que ella iba sujeta pero iba feliz, su lengua fuera, su postura erguida y la cola hacia el cielo. Decidí entonces que la felicidad consistía en conseguir una cadena con su humano al otro extremo.

Ya en ese entonces había aprendido algunas cosas: que la comida para nosotros estaba en los basureros, que algo se conseguía en los mercados, pero ya había ahí demasiadas bocas hambrientas, ya había ahí una lucha encarnizada por sobrevivir. Aún así luché, era pequeño, estaba mal comido, pero luché. Me mordieron, me corrieron, me echaron agua fría, agua caliente, agua sucia, piedras y ladrillos.

Hasta que un día una piedra hizo su trabajo, y no pude caminar más. Algo andaba mal con mis patas traseras, sólo lograba arrastrarme, y no alcanzaba a comer, tampoco a huir de los mordiscos, del agua fria, caliente, sucia, ni de las piedras. Decidí volver a los basureros, y una vez ahí, enfermé. Era cojo, y enfermo. Perro loco, cojo y enfermo, a quien nadie quería. Cuando era más pequeño, la gente solía decirme “lindo perrito” y luego se iban, no me permitían ir con ellos y ponerme una cadena. Ahora mayor, enfermo, cojo, loco y pelado además, ya que mi pelo empezó a caerse. Decidí que ya no valía la pena luchar, y busqué un lugar donde dormir. Dormir por siempre y soñar con un lugar cálido y con hermanos para poder nadar, arrullado por los latidos de mamá, y con sus promesas de amor en el ambiente, tal como debe ser la voz de Dios.

TERCERA PARTE

Dormitaba yo, esperando mi destino, cuando sentí la sombra de tres humanos acercandose a mí. Pensé que venían a echarme, a tirarme piedras o agua caliente o fría o sucia. Esperaba palabras groseras y de desprecio. Tuve miedo, pero sabía que no podría huir. Cerré fuerte mis ojos.

– Hola amigo, ¿cómo estás?

¡Amigo! acababa de decirme. ¡Amigo!.Abrí los ojos y me encontré con los suyos: unos ojos de compasión que nunca había visto.

Comencé a aullar y me oriné. Y lo hice porque fue la emoción más grande de mi vida. Este debía ser el fin porque mi corazón no podía más, estaba a punto de explotar dentro de mí, pensé que la misericordia divina existe, y agradecí que se me permitiera irme feliz. De pronto, una voz aguda me despertó:

– ¿Puedo acariciarlo papá?

– No amor, aún tiene que curarlo el veterinario.

Este humano maravilloso, que ahora sabía que se llamaba papá,me cubrió en una manta, me levantó con cuidado y me llevó hasta la parte trasera de su auto. Yo temblaba, pero no de miedo sino de emoción. ¿A qué podía temerle a estas alturas?, además, mis oídos no hacían más que acariciar la palabra amigo una y otra vez.

El resto es historia, más bien detalles. El veterinario me curó: ya no estoy cojo, ni loco, ni enfermo. La pequeña que quiso acariciarme en aquel hermoso día se convirtió en mi compañera de juegos, en la dulce humana del otro lado de la cadena. Ella me dió algo que yo ni sabía que existía, algo mejor, si esto es posible, que la palabra amigo: me dió un nombre, una palabra bonita que sería solamente para mí.

Hola, mi nombre es Fred y soy un perro adoptado.

 

perro rescatado 02

Imagen tomada de http://www.unionjalisco.mx/

EPILOGO

Ha pasado tiempo. Mucho tiempo. Aunque no se exáctamente cuánto, ya que no se contar años humanos ni caninos. Me siento joven y mis patas son felices en el pasto verde.

Esta mañana llegó papá con una manta en sus manos. Dentro hay un gatito famélico y chilposo. Papá llama a mamá y a la pequeña, y los tres vienen a presentarme al gatito. Está débil y me teme, levanta su pequeña garra, listo para defenderse. Acerco mi nariz y le permito arañarme. Me clava sus uñas, pero yo no hago gesto alguno, no sea que papá piense que es agresivo o algo así, y cambie su decisión de adoptarlo. Espero a que se calme y le susurro:

– Tranquilo amigo, mientras estés aquí, te prometo que todo va a estar bien.


DOS: La libertad y las restricciones – parte I

Hace algunos años, querido hijo, caminando por un solitario cerro, iba conmigo un hombre empeñado en contarme su vida, o parte de ella. Yo escuchaba, y caminaba, esperando aprender algo. Sobre la historia que contaba, era ésta:

“Cuando joven, quise ser diseñador gráfico. En aquellos tiempo no existían los programas de computación que ahora vemos, eran las primeras versiones, habían muy pocas computadoras, y demás está decir que estudiar esa carrera era MUY caro aquí en Lima. Pero esa fue la vocación que yo tenía, y cuando mis padres no pudieron darme esos estudios, decidí no estudiar nada y volverme comerciante. Hoy mi hijo está a punto de terminar sus estudios de diseño gráfico, y ni siquiera tiene 20 años. Bueno, la verdad es que él no quería estudiar eso, yo lo obligué. Pero porque sé que es una buena carrera y con un buen futuro. Además, es una forma de cumplir mi sueño, aunque sea a través de mi hijo.”

Este hombre era un cliente mío, y cuando se empeñó en que le diera la razón, en que le dijera que había obrado bien, sólo pude guardar silencio y mirar a lo lejos, al horizonte, exhalando una bocanada de aire, a modo de plegaria por esas dos vidas rotas.

Conocí también un hombre que soñó un gran porvenir para su hijo: Lo soñó como un gran ingeniero, que trabajaría para una gran empresa petrolera. Lo soñó como la roca que sostendría a la familia entera: “tu verás por tus hermanos y por tu madre cuando yo no esté” solía decirle desde pequeño. Ya se lo imaginaba, llegando después de tres meses de estar internado en la selva, o en alguna mina, billetera gordísima, ganaría la estima de todos con sus regalos, saldría luego a la calle y todos lo saludarían, lo admirarían, y sus padres estarían orgullosos de su hijo, el ingeniero.

Era, sin duda, un porvenir brillante. Pero había un problema: el hijo no deseaba ése destino. Cuando se convirtió en hombre, tiró la carga que le habían impuesto a un lado de su camino, y se fue. La buena noticia sobre este hijo es que aunque decepcionó a sus padres, hasta donde sé no se ha decepcionado a sí mismo.

Te digo todo esto como un preámbulo al conocimiento que hoy quiero compartir contigo, y éste es:

“Estamos en este mundo para soñar nuestros propios sueños, y para hacerlos realidad por nosotros mismos”

Si alguien me pregunta sobre qué quiero que seas, responderé “feliz”. Porque eso es lo que deseo, porque todo lo que hago apunta a eso, querido Ikal. La carrera que quieras estudiar, el equipo de futbol que quieras alentar, todas las decisiones que te identifiquen, podrás tomarlas por ti mismo.

Como puedes ver, ésta no es una simple carta. A través de ella, te concedo el poder de elegir, te concedo el poder de soñar tus propios sueños, y por último, te concedo la fuerza y determinación para hacerlos realidad. Recibe, amado hijo, las bendiciones de tu padre.

Y ten siempre en cuenta que estoy orgulloso de ti. Ten en cuenta que no existe titulo que valga más a mis ojos que el que ya tienes: eres MI HIJO, y el valor que ese título te da no puede ser tocado ni disminuido. Cuando vayas al mundo, ve con confianza, que cada uno de tus pasos irá acompañado del amor de nosotros, tus padres.


Uno: De cómo y cuando empecé a ser tu padre

Hola hijo. Ésta es la primera de las cartas que desde antes que nacieras he querido escribirte. Y decidí empezar hoy porque te ví después de tres días, y me di cuenta que te había extrañado un montón. Es mi intención estar siempre contigo, sin embargo deseo también recordar estos días, que no se pierdan las memorias de lo que pienso hoy, de lo que significa hoy esta gran aventura de ser tu padre.

Quiero decirte, en primer lugar, y tomando prestada la idea de Yokoi Kenji (ve el vídeo de abajo), que tu madre empezó a ser tu madre meses antes de empezar yo a ser tu padre. Tu fuiste de ella antes, y ella de ti, durante el tiempo que viviste dentro de ella. En esos tiempos yo era tu progenitor, y nada más, a lo mucho el encargado de traer las frutitas y los dulces y los makis y todo lo que, muy astutamente, quisiste probar antes de nacer.

Pero el centro de esta primera carta es confesarte que mi debut como padre fue con un grito. El grito que le di al doctor y a la enfermera pocos minutos después de que nacieras.

El día que naciste fue todo adrenalina, desde el inicio. Habíamos programado con mamá que nacieras por cesárea la semana siguiente al día en que decidiste llegar. Estuvimos, hasta exactamente 12 horas antes de que nacieras, haciendo arreglos a la casa, instalando la nueva cocina con familiares que vinieron a ayudar, limpiando, ordenando, y teníamos planeado seguir con eso varios días más. Pero llegaste, hijo, e ibas a encontrar la casa de cabeza de no ser por la familia que vino a limpiar mientras mamá, tú y yo estábamos en la clínica. Y es que ese día, desde las 6 de la mañana empezaste a moverte y a contraer a mamá. A las 8.30 fuimos a la clínica “porsiacaso” y tres horas y pico más tarde me estrenaba como padre, gritandole al personal de la clínica.

Y fue así: Tu nacimiento fue por una cesárea de emergencia, por motivos medicos no podía ser parto natural, así que cuando llegó mamá con las contracciones, inmediatamente la pasaron a sala, para hacer la cesárea. Nos dijeron que había que traer un ajuar más, que te iba a faltar ropa, y como con mamá habíamos preparado toda tu ropa lavandola, desinfectandola y planchandola antes de que tengas que usar ropa comprada en la clinica y que quien sabe por que cochina fábrica habría pasado, pues me regresé a casa a traer lo que pidieron. El hecho es que mientras yo recogía tu ropa, y volvía a la clínica, pasaron a sala a mami, y yo llegué cuando estabas a punto de nacer.

Llevaba una cámara para tener un recuerdo de cómo eras cuando naciste. Un recuerdo para la familia, para mamá y para mí. Me hicieron entrar, así bien campechanos: “¡Ah señor, ya puede pasar! ¡seguro que quiere tomar muchas fotos para el facebook!“. Se me hizo ridículo el comentario pero acababa de nacer mi primogénito así que seguí de largo. Entré a la sala, y a los segundos, desde un corte que le hicieron a mamá te pude ver por primera vez. Lo cierto es que los doctores hicieron un buen trabajo: te sacaron, te limpiaron, te secaron, midieron, pesaron, en fin, todo su proceso, proceso durante el cual me quedé sin querer respirar y tomé exactamente 7 fotos, de ti. Luego me detuve, me quedé de piedra mirandote, mirando a mamá cuyo rostro no podía verme desde atrás de la cortina, no podía saber que yo ya estaba ahí con ustedes.

Y estando yo ahí, embelesado contigo, preocupado por mamá, pensativo, me despierta la enfermera: ¡Señor!¡Tome más fotos! ¡aproveche para el facebook!, y el doctor a secundarla: ¡Sí, sí, aproveche!¡Tome todas las fotos que pueda!.

– ¡A MÍ QUÉ ME IMPORTA EL FACEBOOK!, ¡DÍGAME SI NACIÓ BIEN MI HIJO!, ¡DÍGAME CÓMO ESTÁ MI MUJER!, ¡HAGAN SU TRABAJO!.

Y fue ese el primer gesto que me convirtió en tu padre. Nunca publiqué ni publicaré en ningún sitio esas fotos. Son mías, son de mamá, son tuyas y de nadie más. No pretendo entender a las persona que publican fotos de las ecografias, de señoras desencajadas y bebés ensangrentados, pero yo no. Yo no te faltaría el respeto de esa manera hijo.

Pero claro, no tengo intención de convencerte que un simple grito me convirtió en tu padre y ya está. Ése fue el inicio y nada más. Es desde ahí que empieza todo, la travesía de ser para ti, de dedicar mi vida a que seas feliz, el reto de ser digno de ti, y de la maravillosa mujer que es tu madre.

Hoy siento que soy tu padre porque despierto cada día con una energía nueva, con una idea nueva pensada gracias a ti.

Porque si antes no le temía al fracaso, hoy el fracaso no es una opción, pues a cada momento me repito que debo ser digno de ti.

Porque hace sólo dos años era un chico que si tenía que trabajar y se cansaba, se iba a dormir. Porque hoy soy un hombre, que si se cansa sigue, porque ya no soy sólo yo, porque ahora te tengo a ti.

Porque me has hecho mejor. Porque quiero hacerte bueno. Gracias. Te amo hijo.


Quinta Temporada: Los nuevos tiempos

Sin darme cuenta, ya va a ser un año desde la ultima vez que escribí.

Sin darme cuenta, en algún momento dejé de lado esa parte de ser yo. Ese yo que se duerme por temporadas, y luego se despierta sólo para escribir de manera contumaz, porque sí, porque las cosas hay que sacarlas o se pudren adentro, y terminan saliendo luego, verdes y olorosas, a recordarnos lo inmunda que es la vida cuando no has aprendido a sacar tu basura.

Hoy regreso, 8 años después de haber iniciado esta pequeña aventura de escribir, y me doy cuenta que las etapas por la que pasó el blog sólo se reflejaba en el subtitulo, pero nunca dije, textualmente, esta es la segunda, o cuarta, o tal temporada.

Pero sí las hubieron: cuando empecé con el blog, allá por el 2007, aún en un servidor gratuito, luego de pensarlo un poco lo llamé EGOLETRISMO, y el subtítulo era algo explicativo: “Las letras de un ególatra”. Eso duró algo de 6 u 8 meses, no recuerdo bien. El problema con los servidores gratuitos es que no están obligados a nada. Un día el servidor cayó, y mi blog se perdió sin más.

Posteriormente, en 2008 y hasta finales de 2009, un buen samaritano y perfecto desconocido además, ofreció alojar mi blog en su servidor, pagado por él. Entonces renacimos. El nombre siguió siendo el mismo, pero gracias a mi fanatismo por la saga de Matrix, el subtítulo de la segunda temporada fue “Reloaded!”, ya que volvi con fuerza, decidido a continuar con el proyecto. Pero bueno, estas cosas casi siempre terminan, y mi buen amigo me avisó con un par de meses de anticipación que iba a cerrar su servidor, dandome tiempo de descargar los archivos, las bases de datos, y migrar a otro servidor. No sé dónde estará ahora, pero siempre recordaré su nick, y estaré agradecido con Kosciuk por haberme acogido en su servidor.

Lo que siguió fue que, con todos mis archivos y base de datos, no encontré ningún servicio gratuito que alojara la cantidad de data que tenía, la mayoría eran para páginas bien básicas. Por un corto tiempo, volvimos a estar offline.

Pero luego llegó el día de comprar un servidor propio, y así lo hice. Por primera vez, utilizamos el egoletrismo.net, ya que antes usabamos un uni.cc, que también era gratuito. Volvimos con nuevo dominio, servidor propio, y esta vez con personajes en mi cabeza. Entonces, para la digamos tercera temporada, tenía dos subtítulos en la cabeza: “El segundo renacimiento”, por mi aún incurable fanatismo por el universo de Matrix, y “Las aventuras de chico lácteo” por un personaje predominante del que en ese tiempo escribí varios cuentos, algunos incluso publicados en este blog. Al final no pude decidirme, y el subtítulo fue “El segundo renacimiento: Las aventuras de chico lácteo”, coronándose como el subtitulo más largo de la historia de este blog.

Todo iba muy bien, hasta que un día amanecí y encendí la computadora sólo para ver que mi blog estaba muerto, en blanco. Entré a mi servidor y estaba vacío. No archivos, no base de datos. Nada. Ni el blog ni la página de la empresa que recién estaba empezando, y que a fuerza tuve que diseñar por mi mismo. Todo se fue. Los de la empresa proveedora del hosting no dieron ninguna explicacion, sin embargo en los foros de ayuda se comentaba que habían sido atacados y se habian bajado varios servidores. Reclamé, como muchos otros supongo, que debían tener backups, pero fue inútil. Todo se había perdido y me dediqué a reconstruir la página de la empresa, dejando el blog de lado por otra temporada.

Pero claro, uno siempre vuelve a las cosas queridas, y yo quiero mucho a este blog. En tiempos que un amigo fanático de Santiago Roncagliolo y Quentin Tarantino me tenía loco con estos dos artistas, el subtítulo de la cuarta temporada tenía que decir algo de eso: “La cuarta espada”, en homenaje a un título de Roncagliolo. Las películas de Tarantino, si bien entretenidas, no me parecieron tan geniales.

Y en esta ocasión, y hasta hoy el blog no cayó. Fui sólo yo el que se olvidó de escribir. Hace un tiempo que pienso y pienso en darme un tiempo de volver, y no me lo doy. Pero hoy es el día, hoy inicio esta quinta temporada del blog y no encuentro título mas adecuado que “Los nuevos tiempos”. Los porqués serán explicados paulatinamente. Solo diré, como un claro ejemplo, que hace exactamente dos años, en un viernes de septiembre, de seguro estuve en uno de mis acostumbrados viernes de pisco, y sólo dos años después, estoy acostado desde temprano, habiendo trabajado horas extra, y pensando en las dos personas que son mi familia ahora. Estos son los nuevos tiempos, y sin importar lo que venga, voy a disfrutarlos, los estoy disfrutando ya.

Hasta pronto, cambio y fuera, querido lector.


Los consejos del tío Clonpi para evitar la violencia doméstica

Hoy 25 de noviembre se celebra el Día internacional contra la violencia hacia las mujeres, y yo no considero mal que existan días como estos. La mujer ha sufrido desde hace muchos años, y aún sufre discriminación y acoso por parte de hombres y mujeres de mentalidad retrógrada. Existen desventajas (y aunque muchos no quieran aceptarlo, también ventajas) en ser mujer y vivir en el mundo de hoy, y estas diferencias deben terminar y dar paso a una sociedad de verdadera igualdad. Igualdad en el sentido de derechos, ya que los hombres y las mujeres son diferentes en sus formas de pensar, sentir y un largo etcétera, y estas diferencias son las que hacen el complemento mutuo y para el bien común.

Estoy en contra del acoso callejero, y sí creo que hay hombres con mentalidades enanas por decirlo de un modo decente, que no se dan cuenta que sus “elogios” no son bienvenidos y por tanto, son agresión hacia personas que no han pedido ser “elogiadas”. Mi tía Natalia Málaga da una lección a estos mequetrefes en éste excelente vídeo:

Pero lo que a mí no me convence, el cuento que no termino de tragarme, es el que la violencia sólo es contra la mujer, que la mujer es víctima de hombres malvados que simplemente quieren humillarla o degradarla o alguna cosa peor.

Entonces, queridos y queridas, aquí van unos consejos de su tío Clonpi para evitar la violencia doméstica. Ojo, no violencia sólo contra la mujer, no violencia sólo contra el hombre, violencia en general. Porque cuando hay violencia doméstica no hay víctima y victimario, hay dos cómplices: el que agrede, y el que se queda para recibir la agresión.

PRIMERA TANDA: CONSEJOS PARA HOMBRES:

  • NO ERES DUEÑO DE TU MUJER: Hay que dejar atrás la mentalidad de siglos pasados. Tu esposa, novia, o pareja es un ser humano con capacidad de decisión. Déjala decidir sus amistades y sus actividades. Ser celoso o posesivo es algo que sólo puede dañarte. A ti. Recuerda que si ella no es feliz contigo, siempre habrá un imbécil oportunista tratando de sacar partido de esa situación. La manera más segura de mantener la fidelidad de tu pareja es haciendola feliz y dándole confianza.
  • ANTE UNA TRAICIÓN: Ahora que si aún dandole tu confianza y siendo considerado, ella te traiciona, no le pegues, no tienes que matar a nadie. Aléjate y no mires atrás. Reaccionar con violencia no te hará más ni menos hombre, y puedes acabar preso por alguien que ni siquiera lo vale. Aléjate y no vuelvas, no importa cuánto te ruegue ella, gallina que come huevo…
  • SI ELLA ES UNA HINCHAPELOTAS, ALÉJATE: Huye por tu vida y tranquilidad. Se dice que mujer que no jode es hombre, y hasta el momento no he encontrado evidencia de lo contrario, pero hay formas y formas de joder. Hay mujeres que les gusta molestar con pequeñas cosas (ojo no es lo mismo que “por” pequeñas cosas) a su hombre como una sana diversión, y la verdad es que una mujer así como que le da color a tu vida. Sin embargo existe el otro tipo, las que gustan de joder hasta sacarlo a uno de quicio, y no estan tranquilas hasta que te ven reaccionar mal. De esas, huye, porque al final, si reaccionas mal, según el patético esquema actual tú serás el único culpable, y ella la pobre víctima, que es lo que finalmente busca.
  • NO HAY EXCUSA PARA AGREDIR A UNA MUJER. Incluso si ella te agrede físicamente, vamos, basta con cogerle las manos. Debido a las características físicas del hombre y la mujer, si ella trata de agredirte, no te justifica a hacer lo mismo. Cogele las manos, o abrázala fuerte hasta que se le pase. Funciona.

SEGUNDA TANDA: CONSEJOS PARA MUJERES:

  • NO ERES UNA PRINCESA. Sí eres un ser único, pero tu hombre también lo es. Entiende que las relaciones se construyen de a dos, y que no por ser mujer vas a imponer todas las condiciones y los hombres están obligados a complacerte. No eres un ser inútil al que todos deben esforzarce por hacer feliz, haz tú misma tu propia felicidad. Mira a tu hombre como un igual, no desde abajo, ni desde arriba.
  • SI TU HOMBRE ES CELOSO O POSESIVO, HUYE: Sepárate, hombre que te prohibe salir con amigos, que te revisa el teléfono, que te controla, es porque tu lo permites. Ten en cuenta que vas a cansarte, el día que te canses harás algo estúpido, que SABES que él no aceptará, y entonces él reaccionará mal. Si tienes un hombre con el que sientes temor o incomodidad cuando te interroga, sepárate AHORA. No te pongas en peligro. Ningún hombre está contigo un día y al día siguiente te agarra a golpes. Es una escalada que toma su tiempo, y tú sabes qué ocurrirá al final, aunque no quieras aceptarlo. No seas cómplice de tu propio mal.
  • SI TE PEGA UNA VEZ, LO HARÁ DE NUEVO. No puedes cambiarlo. Es un ciclo, y cada vez será peor. No importa cuánto te jure que cambiará, a menos que vayan a una terapia psicológica, eso NO va a suceder, sino todo lo contrario, cada vez será peor. Aléjate de hombres así, por tu propio bien.
  • RESPETO POR RESPETO. Es bueno que consigas un hombre que respete tu individualidad y que sepa que tienes la necesidad de expresarte. Pero también es necesario que entiendas que a veces los hombres necesitamos un poco de espacio, unos minutos en silencio o soledad. Respeta su espacio si ves que no quiere hablar. La mayoría de hombres, cuando tenemos un problema, queremos pensar en el problema, no necesitamos, ni queremos, hablar del problema. Déjalo solo por un rato, te aseguro que volverá a ti más contento o tranquilo.

Y éste fue el servicio a la comunidad de este año. Sean felices y busquen relaciones sanas. Si no lo hacen, no vale quejarse.


Historia de un cuadro que aún no compro

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En algún momento de mi vida me volví maniático de saber exactamente que hora estaba viviendo. Antes cuando dormía muchísimo no me andaba con relojes, hasta que empezó a afectar mi vida el llegar tarde a todo. Entonces, supongo, me fui al otro extremo, y donde vivía, tenía un reloj en cada ambiente de la casa.

La historia de ése cuadro que aún no conozco empezó hace poco. Como hace tiempo no escribo, haré un resumen corto y escueto: estaba enamorado, me separé y hace poco me encontré con una personita genial y volví a enamorarme.

Esto no tendría importancia, digo, no tendría porque estar contando esto si no fuera el origen de mis ganas de volver a escribir. Yo quería un reloj en cada habitación de la casa, y ella me decía que el tic tac de los relojes no la dejaría dormir. Entonces, cierto día caminando por el centro estuvimos viendo relojes digitales, y no le gustó ninguno. Yo la dejo elegir, porque ella tiene buen gusto, a diferencia de mi, que como todos saben, soy un chuncho. Entonces bien, había un reloj en la sala, otro en el baño, pero ninguno en el dormitorio. Y yo con la idea fija de recorrer el mundo, o al menos Lima, en busca de un reloj que le guste y no haga tic tac. Es más, el día de hacer agujeros a la pared dejé todo preparado para el reloj que aún no conocía, el reloj del dormitorio: agujero, tarugo, perno. Perfecto, me dije, ahora solo resta elegir.

Ahora siento que me he alejado del centro del relato, pero sin preámbulo probablemente no se iba a entender nada.

Pocas semanas después de juntarnos vi en una tienda unas sábanas de color rojo y naranja. De haber estado soltero jamás me hubiera fijado siquiera en éstas, pero en el momento en que las vi me dije: “esto combinaría perfecto con ella”.

Y no me equivoqué: ella es hermosa cuando duerme, pero el rojo la realza, da mas luz sobre su rostro, sobre sus curvas. Sus ojos son dos lineas perfectas, que a veces cubre con un antifaz. Su boca se tuerce hacia abajo como en una mueca de disgusto, y es que ella es una dama en toda la extensión de la palabra. Su olor es embriagante y su cabello libre de caer sobre su frente, de enredarse entre mis dedos. Ella duerme hasta muy tarde los domingos, y mi descanso dominical es quedarme viendola dormir.

Pero no siempre, claro está. A veces salgo a estar en la computadora o jugar con Ágata. Es entonces cuando en cortos lapsos, escucho su voz.  Una de las primeras veces sucedió esto:

– Heyy!

– ¿Amor? – digo, entrando en la habitación.

– ¿Qué hora es?

– Son las (inserte aquí una hora cualquiera de un domingo en la mañana).

– Gracias.

– ¿Ves? necesitamos un reloj aqui en el cuarto.

– ¿Porqué?

– Porque si hubiera reloj aquí, ya no tendrías que andarme preguntando la hora.

Lo que me dijo entonces cambió de pronto mi forma de ver el asunto de los relojes:

– Pero entonces habría menos comunicación entre nosotros.

Y el perno se quedó ahí, enroscado en la pared. He pensado en poner un cuadro, pero aún no se cual, quizás también el cuadro tenga que elegirlo ella.