De viernes santo y plato calato

Posted 31 mar 2013 — by Clonpi
Category Opinión

 «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres»

Evangelio según San Marcos. Capítulo 7

Existen en la tradición católica tres días en el año que deben ser de abstinencia: el miércoles de ceniza, el primer viernes de cuaresma y el viernes santo. Hay días que son de ayuno, otros de abstinencia y otros de ambos. El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia.

Pero definamos, para no ir a ciegas, estos conceptos, según la iglesia, claro está:

Ayuno: Una sola comida de tamaño normal durante todo el día (puede ser el almuerzo). Va acompañado de un espíritu de penitencia y oración.

Abstinencia: Como su nombre lo indica, abstenerse de algo que nos gusta, ofreciendo esta mortificación voluntaria como sacrificio a Dios.

En ningún lado he visto que se deba comer pescado y sólo pescado en este día. Y en todo caso, resulta un ejercicio inútil no comer carne y sin embargo utilizar estos días de reflexión para irse de viaje, tomar como vikingos o tener sexo como si no hubiera un mañana.

También resulta un saludo a la bandera si te preparas una fuente de escabeche o ceviche y comes hasta no poder más, acompañado o no de su cervecita.

Entonces toda esta ‘santa’ parafernalia no tiene ningún sentido si no viene con una genuina intención de penitencia, de arrepentimiento o mínimo de reflexión.

Respecto a la abstinencia, vale más privarse de algo que nos hace salivar (una torta, un pescado frito, una mujer hermosa) como un sacrificio voluntario, que seguir la costumbre del pescado, que a mi modo de verlo, no es más que una tradición creada por el hombre.

Cuento Nº 7 – En el suelo

Posted 24 mar 2013 — by Clonpi
Category Chico Lacteo

Y llegó el momento, el frío en la espalda, el blanco cubriéndole los ojos. Él adormecido, cuestionándose sobre todo lo que daba por sentado, preguntándose qué tan cierto puede ser que nunca llegas a conocer del todo a una persona, inventando un algoritmo para calcular a qué porcentaje sería posible llegar. Sería ella un campo verde, lleno de vegetación hasta donde alcanza la vista y más allá. Sería quizás un frío témpano, de cual sólo la punta es apreciable, del cual la mayor parte se hunde y se pierde en un océano igualmente insondable y oscuro.

¿Qué se ha visto?¿Un campo verde?¿Una montaña helada?. O quizás un viñedo cubierto por la escarcha, que promete sus frutos a quien sea capaz de protegerlo del frío y del granizo. Todo este tiempo y nada, no sabía nada. No sabía lo que había visto, no sabía si amaba lo que había visto o simplemente se había habituado. Entonces tuvo clara la idea de que no sabía.

Una botella de vino yacía olvidada en el suelo. El recuerdo fresco de unos besos, un abrazo profundo, el inicio de la pasión. De pronto unas lágrimas, de pronto simplemente se miraron a los ojos y todo se detuvo. De pronto eran dos personas en el suelo, lado a lado, mirando el cielorraso.

Ella respiraba despacio y profundo, queriendo calmar el torbellino de su pecho, deseando poder contener unas lágrimas que en apariencia no tenían razón de ser. Intentaba establecer un patrón, reconocer la diferencia entre luchar por algo que vale la pena y compeler algo que, naturalmente, no sería.

Cada persona que conocemos influye en nuestra vida, y lentamente vamos cambiando. Entonces cabe la pregunta: ¿a dónde se fueron quienes fuimos al conocernos?. Fuimos personas que ya no existen, y que sin embargo sobreviven en algún rincón apartado de la mente, en algún universo paralelo.

Entonces la persona tendida a su lado no era más el chico que conoció. Se preguntaba ella ¿cómo entonces pueden dos vidas cruzarse sin destruir a los dos individuos?, ¿cómo tener una seguridad sobre una persona que cambia invariablemente?¿se puede luchar por amor sin forzar algo que debería sencillamente fuir?.

En la habitación se escuchaban sólo dos respiraciones. Él tomó su mano tímidamente. Ella lo apretó entre sus dedos. Lentamente se durmieron, en el suelo.

La batalla por Lima

Posted 17 mar 2013 — by Clonpi
Category Opinión

Hoy es día de consulta popular en Lima. No es un día cualquiera, ni una consulta cualquiera. Hoy la población dará un mensaje a sus autoridades actuales y futuras, sobre qué se puede y qué no se puede hacer en Lima.

Pero antes de votar, tenga la bondad de leer esto:

Primero: yo no voté por Susana Villarán. La razón es simple: a mi parecer no es una buena política, realmente caía antipática en campaña. El mote de ‘Tía regia’ le cayó como anillo al dedo.

La historia sabida por todos es que ganó las elecciones. Y bueno desde el inicio de su gestión recibió duras críticas y acusaciones de “no hacer nada”. Esto me puso a pensar si era justo este cargamontón mediático a alguien que no terminaba de sentarse bien el su sillón municipal.

Luego empezaron los programas educativos y sociales, que prácticamente ningún medio ha difundido. Ninguno de esos medios que hacían un reportaje especial cuando el alcalde anterior iba a dar exámenes de su teórica carrera de arquitectura en una universidad particular. Nada. Y los programas son buenos, y tocan temas importantes además.

Luego vino el tema de las obras. Yo por mi carrera sé que para realizar una obra se pasan por estudios previos, varios. El dinero del estado es dinero de todos y no es que la autoridad diga “aquí se hace un puente/escuela” y al día siguiente empiezan las obras. No. Estos estudios demoran meses o años, y si no se hacen, fácilmente se puede acusar a la autoridad de hacer mal uso del dinero público. Siendo así, si no se ejecutaron obras fue porque la gestión anterior no dejó proyectos para ejecutar. Y tan taimado fue el anterior alcalde, que demoró la ejecución del metropolitano hasta 2010, cálculo político para despedirse bien de su gestión, perjudicando a miles de limeños. Para los que no lo saben, el plan maestro de transporte urbano, realizado por el Ministerio de Transportes y el JICA (Japan International Cooperation Agency) establecía que este servicio debería estar operativo para el 2006. Pero ese tema lo trataré en profundidad en otra ocasión.

Como no todo es color de rosa, he criticado desde el inicio (hace casi dos años) y seguiré criticando el proyecto Rio Verde, pues encauzar un río, sobre todo el río Rímac, es un peligro potencial para la vida de la gente, pero aún así no creo que sea motivo para revocar a Susana Villarán.

Pero los temas principales por los que digo NO, son éstos:

  1. La reforma del transporte: Según el plan maestro de transporte urbano, desde el 2005 debió empezar a disminuirse paulatinamente la cantidad de combis y otros transportes públicos. Nadie antes de Villarán tuvo los pantalones de iniciar esta reforma. si gana el SÍ, tengan por seguro que quien venga no continuará con esta medida, volveremos a lo de antes, y empeorará la situación.
  2. El ordenamiento de Lima. El desalojo de la Parada por ejemplo. Durante décadas la delincuencia ha anidado en este lugar, sin que nadie se preocupe por ordenar, por mejorar a seguridad, por defender al ciudadano que era agredido y desvalijado a plena luz del día por los delincuentes. A la única autoridad que se atrevió a enfrentarlos, quieren revocarla.

Entonces, hoy Lima dará su mensaje, hoy Lima dirá:

SÍ, queremos seguir con el caos de transporte.

SÍ, aquí nadie se mete con las empresas de transporte, ni con los comerciantes informales.

SÍ, yo le creo a los revocadores, con la revocatoria Lima mejorará mágicamente.

SÍ, la política es para los que roban y “hacen obra” (llenando la ciudad de cemento). Si no “haces obra”, me importa poco si robas o no.

O tal vez:

NO, no queremos vivir en medio del caos y la contaminación. Queremos mejorar.

NO, no queremos tener miedo de salir a la calle y hacer nuestras compras.

NO, no haremos una revocatoria a quien no ha cometido NINGUNA falta grave.

NO, no somos tontos, mafiosos amarillos.

Sobre todo eso. Amigo, amiga, por favor piensa antes de votar.

Punk Fiction

Posted 10 mar 2013 — by Clonpi
Category Opinión

A veces imagino que tengo un amigo imaginario que se llama Pumpkin (*). De vez en cuando imagino que estamos bebiendo, y por lo general es él el único que se embriaga, ya que el alcohol imaginario no me produce el menor efecto. Lo interesante es cuando empieza a contar historias cotidianas, imaginariamente reales o inventadas. El otro día comenzó así:

“A Nelson lo conocí cuando trabajábamos en la municipalidad. Ambos éramos practicantes y nos hacían dibujar y hacer trabajos de campo. Recuerdo que un día fuimos a un barrio de aquellos y unas señoras lo acusaron de haberse hecho pasar por el gerente y pedir ‘colaboración’. Como era mi compañero, y a mí no me constaba nada, pues lo defendí en aquella ocasión, aunque claro, pensando en qué razones tendrían esas señoras para afirmar algo tan grave.

Al poco tiempo el pigmeo de nuestro jefe tuvo la mala idea de gritarme. Hablé con mi novia de aquel entonces, y decidimos que era tiempo de tomar nuestro propio rumbo. Renunciamos cada quien a su trabajo en el mismo día y formamos la empresa que luego me dejó como legado al irse. Hasta el día de hoy no he vuelto a tener un jefe, y perdí de vista a Nelson, no supe mucho de él, hasta que hoy por la mañana me lo encontré en la calle.

Fue el encuentro clásico entre dos hombres: ‘Hola hermano’, efusivo apretón de manos, ‘a los tiempos’, ‘¿Cómo has estado?’, etc. Me contó que había estado en varias provincias, trabajado en municipios y el ministerio de vivencia (el que se encarga de dónde vive la gente pues). Había salido recientemente de un distrito de provincia porque ‘mucho lo maleteaban’. Le dije que ‘Bueno hermano, si estás metido en política eso es lo que va a seguir pasando’. Y los municipios están llenos de políticos, contadas veces de gente decente o productiva. Si entra alguien que produce, lo sacan al toque, lo revocan, no sea que se note que lo demás no están haciéndolo.

Le conté que me había inclinado más a la gerencia, y de las cosas que estaba haciendo. Me dijo que podía avisarme de algunos concursos para consultoría. Le dije que genial, que sería bueno volver a trabajar juntos. Opinó que sí, y con la intención, supongo, que me animara un poco más, enfatizó:

‘¿Te acuerdas cuando te andabas preocupando del reglamento?, ¿Cuando tu frase favorita era “esto no pasa”?. Eso ya no se aplica compadre, ya no tienes que ser cuadriculado, cuando estás arriba, todo pasa, con el estímulo apropiado, así que no te preocupes’.

Respiré hondo, le agradecí y me despedí. Aunque francamente espero que no me llame.”

Terminado el relato me dormí. No sé si Pumpkin se fue o se quedó, o si al cerrar mis ojos desapareció como lo hacen los entes imaginarios. Pero sí estuve pensando por varios días, en cierto profesor, que tenía razón cuando decía que la ética no se aprende en las aulas, sino que viene contigo, dentro de tu sistema de valores. Si hubiera gente así metida en algún ministerio de verdad, con algún nombre parecido, sería terrible aunque, pensándolo bien, explicaría muchas cosas.

(*) Pumpkin: Calabaza, para los que no saben.

Requiem for a cat

Posted 03 mar 2013 — by Clonpi
Category EGOLETRISMO

Todo aquel que me conozca un poco, o me tenga en facebook, sabe que no me gustan nada los gatos. Por mucho que digan que los gatos son súper limpios, lo que yo creo es que se bañan en su propia baba, y andan esparciendo sus infectas esporas alérgenas por donde vayan.

Por eso me hace renegar el asunto de los gatos del parque Kennedy, las pocas veces que voy digo, su presencia me hace somatizar, sentir que me ahogo, que me da un ataque de asma. La semana pasada estábamos en el mencionado parque con mi hermana mayor, que es alérgica a los gatos en un nivel que no se le desea a nadie, pues no puede tocar un gato con su dedo índice sin estar luego todo el día estornudando y frotándose los ojos. Caminábamos por el parque de lo más tranquilos, cuando me di cuenta de lo que estábamos haciendo, y le dije: “vámonos de aquí antes de que termines como Hitch por la alergia”.

hitch

Con todo esto ha quedado claro, querido lector, que los gatos no son, pues, de mis especies preferidas.

Mi padre tenía un gato. Mi padre siempre dice que no le gustan las mascotas. Desde que tengo memoria, todas las mascotas que tuvimos han sido cachorros que mi papá se encontraba en la calle y traía a la casa, para salvarlos de una muerte segura por hambre, atropello o apedreada de esos grupos de palomillas con retardo mental que han existido desde siempre. No es cierto lo de “las nuevas generaciones”, no.

De más está decir que a mí nunca me cayó bien ese gato. Gato marrullero, sobón y con cara de hipócrita. Llegó un día hace años, olfateando quizás la compasión que se esconde tras la máscara de mi viejo, flaco ojeroso cansado y sin ilusiones, gato macilento. Luego de unos meses se volvió un gato gordo enseñoreado por toda la casa, la de mi viejo, llenando todo de pelos, maullando dulcemente y frotándose en los pantalones de mi padre, y en los de nadie más, gato franelero.

Mi papá nunca le pone nombre a nada, así que se refería a él como ‘mi gato’. Yo que, por el contrario le pongo nombre o apodo a todo lo que puedo, le asigné el mote de ‘el gaturro feo’. Cuando yo llegaba a visitar, me miraba con su cara de espeso y no se quitaba del camino. Aunque a veces no resistía la tentación de echarle unas gotas de agua para que se moviera, nunca llegué a arrearle una patada o similar, ni aún cuando le arañó la nariz a mi Ágata, que sólo quería jugar. Y es que estoy en contra de la violencia, más no de los carnavales.

Mi padre tenía un gato, que dejó de existir ayer. Recuerdo que se enfermó hace unos días, y que ayer por la mañana mi viejo lo llevó al veterinario. Me lo comentó mientras almorzábamos, y al despedirme lo único que dije fue: “nos vemos pues viejito, ojalá se mejore el putorro ese”.

Llegaban las seis de la tarde y yo llevaba prisa para una reunión. Me lo encontré en la calle (vivimos cerca), y me dijo: “ya se murió mi gato”, a lo que respondí “bueno, ¿y ya lo enterraste?”. Me dijo que no, y me contó que habían hecho lo posible por salvarlo, y yo moviendo los piecitos porque estaba tarde, hasta que dijo “… pero ya no se pudo, se murió mi gatito”.

Yo que lo conozco, y sé que el nunca usa diminutivos con nada que no fueran sus hijos, o últimamente sus nietos, detuve el tiempo en ese momento, le dí una palmadita en el hombro: “Caballero mi viejo, tuvo una buena vida y se fue pronto, no sufrió”.

Y me fui pensativo. No lo abracé, porque los abrazos nunca estuvieron en nuestro código, aún cuando éramos todos niños. Hasta el día de hoy me es difícil dar un abrazo.

Ahora sé lo que en realidad siempre supe: que todos necesitamos una compañía, un objeto para nuestros afectos. Aún para esos afectos que no podemos demostrar. Y era ese odioso gato el que acompañaba a mi viejo, cuando hasta sus hijos revoloteaban ausentes de su casa, en el vórtice de la vida moderna.