A mi no me gusta el abuso. Desde niño me molestaba bastante cuando iba a la tienda y el tendero me atendía de último, porque venían siempre personas mayores y se ponían delante de mi, pidiendo sus cosas a gritos. Algunas veces me molesté mucho y grité, pero la verdad es que ese yo que grita no soy yo, nunca he sido yo cuando grito.
Luego creces y te olvidas. Pero yo no me olvido, y aun cuando pienso que ningún niño esta capacitado para decidir nada respecto a la vida, una cosa es esa y otra que se los trate como basura, solo porque no tienen el temple para protestar.
Como por ejemplo, el otro día estaba almorzando afuera de la universidad, y entra un niño a pedir una milanesa para llevar. Al idiota del dueño se le ocurrió divertirse un rato a costa del muchacho, y se dió esta estupida charla:
Niño chico: Señor, una milanesa para llevar por favor.
Niño grande: ¿Milonesa? acá no hay eso niño.
Niño chico: milanesa!
Niño grande: Mayonesa tampoco hay.
Niño chico: MILANESA!!!
Niño grande: Ah! milanesa!, ya se acabó chiquito.
Diga usted, querido lector, si no es un retrasado mental ese hombre.
Por eso me dió gusto cuando me enteré que mi sobrino, de 5 años, hizo con un viejo de aquellos, que quiso gastarle una broma en la calle.
El viejo ése: Niño mira! ahi está papa noel!
Mi sobrino: (volteando con una cara de desdén) … tomale foto pe’…
Así que el tipo no supo que decir, y se metió a su casa. Lo máximo es ese sobrino mío.

Por último, una de mis canciones favoritas, Los viejos de mierda, del peruano Rafo Ráez.
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