Y llega un día en la vida de todo hombre en que se da cuenta que no sólo tiene la cara de su papá, la boca del hermano de su mamá y las pestañas de la abuela, sino que también:
- Es querendón, igual que su abuelo.
- Cuando se pone criticón es igualito a su tío, el menor.
- Ha heredado algo de la sensibilidad de su madre, y por eso en ciertas ocasiones se deprime por cosas incomprensibles (no se deja ver por supuesto, heredó también el orgullo de su tía).
- Tiene ese impulso maniático de ser galante, igual que su padre.
- Cuando ve a alguien querido triste, es capaz de decir las mayores estupideces para hacerlo reir, igual que su tío, el mayor. Ese que se puso a contar chistes en los velorios de sus padres.
Y llegas, finalmente, a la conclusión de que podrás ser muy único, pero no eres nada original.
