Cuento Nº 7 – En el suelo

Y llegó el momento, el frío en la espalda, el blanco cubriéndole los ojos. Él adormecido, cuestionándose sobre todo lo que daba por sentado, preguntándose qué tan cierto puede ser que nunca llegas a conocer del todo a una persona, inventando un algoritmo para calcular a qué porcentaje sería posible llegar. Sería ella un campo verde, lleno de vegetación hasta donde alcanza la vista y más allá. Sería quizás un frío témpano, de cual sólo la punta es apreciable, del cual la mayor parte se hunde y se pierde en un océano igualmente insondable y oscuro.

¿Qué se ha visto?¿Un campo verde?¿Una montaña helada?. O quizás un viñedo cubierto por la escarcha, que promete sus frutos a quien sea capaz de protegerlo del frío y del granizo. Todo este tiempo y nada, no sabía nada. No sabía lo que había visto, no sabía si amaba lo que había visto o simplemente se había habituado. Entonces tuvo clara la idea de que no sabía.

Una botella de vino yacía olvidada en el suelo. El recuerdo fresco de unos besos, un abrazo profundo, el inicio de la pasión. De pronto unas lágrimas, de pronto simplemente se miraron a los ojos y todo se detuvo. De pronto eran dos personas en el suelo, lado a lado, mirando el cielorraso.

Ella respiraba despacio y profundo, queriendo calmar el torbellino de su pecho, deseando poder contener unas lágrimas que en apariencia no tenían razón de ser. Intentaba establecer un patrón, reconocer la diferencia entre luchar por algo que vale la pena y compeler algo que, naturalmente, no sería.

Cada persona que conocemos influye en nuestra vida, y lentamente vamos cambiando. Entonces cabe la pregunta: ¿a dónde se fueron quienes fuimos al conocernos?. Fuimos personas que ya no existen, y que sin embargo sobreviven en algún rincón apartado de la mente, en algún universo paralelo.

Entonces la persona tendida a su lado no era más el chico que conoció. Se preguntaba ella ¿cómo entonces pueden dos vidas cruzarse sin destruir a los dos individuos?, ¿cómo tener una seguridad sobre una persona que cambia invariablemente?¿se puede luchar por amor sin forzar algo que debería sencillamente fuir?.

En la habitación se escuchaban sólo dos respiraciones. Él tomó su mano tímidamente. Ella lo apretó entre sus dedos. Lentamente se durmieron, en el suelo.

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