El último “gracias”

Estrés.

Me ha parecido siempre una palabra ridícula. Bueno, no siempre, digamos que desde que decidí tomarme la vida como venga, desde el día que decidí desterrar el drama de mi rutina. Sí, desde aquellos días fue.

Pero hay días y días. Hay días en que las decisiones pasadas pesan y quieren doler, quieren aplastarte y por fuerza, hacer que te declares vencido. Hay días en que levantas la cabeza y miras alrededor preguntandote: ¿Pero que mier…?¿Qué es lo que estoy haciendo?.

Entonces hay que subir al techo, o salir a caminar a la calle, a cualquier lugar donde no haya ruido y sí aire fresco. A razonar con ese yo pesimista con el que hay que luchar, porque puede dormir pero nunca se muere del todo, porque siempre estará allí para decir “te lo dije” cuando las cosas no van tan bien.

Este yo pesimista logra a veces que me cuestione: sería todo más facil si consiguiera un empleo como todos, un ingreso fijo, una vida promedio contra la que no tengo nada, pero que no me resulta de todo atractiva. Pero, ¿es la inestabilidad mejor que eso?.

Recapitulemos: Dejando a un lado las cosas malas: dejando a un lado que a veces se trabaja y se trabaja y los pagos se atrasan y se atrasan, dejando a un lado que a veces hay que vivir de crédito y los intereses no perdonan, dejando de lado lo cansado que es todo esto.

Dejando de lado eso, están los beneficios: estoy haciendo exactamente lo que quiero hacer, si bien los pagos demoran, en promedio son mas altos que los de un empleado promedio, tengo tiempo para ver crecer a mi hijo, es más, he separado un día laborable completo en el que no tengo que trabajar y puedo pasar todo el día con él.

Yo no sé usted, querido lector, pero esos a mí me parecen grandes beneficios. Yo respeto a la gente que elige un empleo, pero no creo tener madera para obedecer sin cuestionar, no creo poder soportar meses en alguna mina sin ver a mi familia. Prefiero quedarme y nadar entre las olas, en vez de caminar sobre el seguro asfalto.

Y doy gracias por eso. Gracias por todo, y sobre todo gracias, porque tengo fuerza para trabajar, porque puedo cada noche caer exhausto y pensar “bien!, hoy se ha hecho bastante”.