¿Es una cuestión de idiosincrasia?. Me niego a creerlo, pero día a día observo que las personas que tienen oficios no salen adelante.
Y no porque les paguen poco, no por culpa del gobierno ni de los grandes intereses económicos, no señor. Por flojos. Eso es lo que pasa con un montón de gente.
Hoy por la tarde dábamos Sonia y yo una caminata digestiva, y vimos al cerrajero del barrio. Recordamos cómo una vez hizo esperar varios meses a un familiar para soldarle una reja.
Cuando veo en las obras, que los obreros, y hasta los mismos maestros de obra, que no avanzan si no hay nadie que los esté viendo, uno puede verlos recostados sobre los montículos de agregado, o utilizando en bugui como mecedora.
Vaya usted a un ebanista, y pidale una puerta, quede un plazo de entrega y cometa el error de darle un adelanto: probablemente tenga que esperar meses antes de ver el tablero pulido y sin pintura.
Hoy mismo fui al zapatero, a recoger unos zapatos que dejé para pegar, sólo pegar, no coser, no cambiar de zuela, no fabricar en serie. La verdad es que ese zapato lo encargué para pegado hace 16 días. “Más tarde”, “mañana a primera hora”, y luego otra vez, “hoy en la tarde”. Lo triste es que es algo baratísimo, y que debería hacerse al momento. Hoy le dejé un ultimátum y sospecho que mañana se armará la gorda porque tampoco lo habrá hecho y no querrá devolver la ínfima cantidad de dinero que le pagué por la compostura.
¿Porqué pasa esto?. Lo ignoro, pero es un virus cojudo que no deja avanzar a la gente, que la aletarga. No hay un deseo de superación, no hay una intención de fidelizar al cliente, porque créanme que jamás volveré a dejar un zapato en ese zapatero.
Es recibir el adelanto, y no hacer el mínimo esfuerzo por recibir la cancelación. Después de todo, es como recibir dinero “gratis”, sin trabajar, sólo explotando esa anacrónica condición de criollo, o pseudo-pendejo, y seguir sin hacer nada hasta que el cliente lo obligue, tumbándole el kiosko, o decline.
Más que triste, es una situación por demás cojuda.
